Hoy, creer en Jesús -te responde Juan Pablo II-, siguiendo las huellas de Pedro, de los primeros apóstoles y testigos, significa optar por Él; y en muchas ocasiones significa como un nuevo martirio: el martirio del que es llamado para ir a contracorriente, para seguir a Cristo por dondequiera que vaya. Quizá Dios no te pida a ti un martirio de sangre, pero te pide, desde luego, que seas fiel a Cristo en las situaciones de cada día: Pienso, por ejemplo, en los novios y en la dificultad que tienen para vivir la pureza antes del matrimonio en el mundo de hoy. Pienso en los matrimonios jóvenes y en las pruebas que debe superar su compromiso de fidelidad mutua. Pienso en las relaciones entre los amigos, y la tentación de deslealtad que puede darse entre ellos. Pienso en los que han empezado un camino de especial consagración a Dios, y en las dificultades que a veces deben afrontar para perseverar en su entrega a Dios y a los hermanos. Pienso en los que quieren vivir con paz y amor en este mundo, donde parece que lo único que vale es el provecho y el interés de uno o de un determinado grupo. Pienso en los que trabajan por la paz, que ven nacer y estallar nuevos focos de guerra en diversas partes del mundo; en los que luchan a favor de la libertad del hombre y lo ven aún esclavo de sí mismo y de los demás. Pienso en los que luchan por el amor y el respeto a la vida, y contemplan sin cesar nuevos atentados contra la vida humana y el respeto que se le debe. |