1.  En cualquier lugar  

   

Durante la Jornada Mundial de la Juventud cualquier lugar de Roma era bueno para recibir el Sacramento de la Penitencia. Impresionaba ver a miles de jóvenes confesándose en el Vaticano, en las iglesias, durante las celebraciones, hasta por la calle...: no era extraño que cualquiera, al ver a un sacerdote, lo abordara sobre la marcha y le pidiera confesión, en cualquier idioma, y estuvieran donde estuvieran: en el andén del Metro, en la Plaza Navona, o tirando la moneda en la Fontana di Trevi. Aquello fue una verdadera Fiesta del Perdón.

2.  En el Circo Máximo  

   

Los que habéis estado en Roma conocéis las dimensiones del Circo Máximo. Pues bien: durante los días de la Jornada Mundial de la Juventud, aquel lugar inmenso, donde los romanos celebraban sus famosas carreras de cuádrigas, se convirtió en un megaconfesionario. Una gran multitud de jóvenes iban confesándose, uno detrás de otro. El lugar era emblemático, porque precisamente en este Circo Máximo murieron miles de mártires durante las grandes persecuciones de los primeros siglos del cristianismo. Voluntarios jóvenes recibían a los que se acercaban a confesar y, si lo deseaban, les ayudaban a prepararse. Para que te hagas una idea: durante esos días hubo en este Circo Máximo dos mil sacerdotes turnándose en cuatrocientos confesonarios. Y el flujo de penitentes fue incesante: desde antes de las siete de la mañana hasta las doce de la noche, sin parar. Después de confesarse, muchos se acercaban a la gran Cruz puesta en el centro del Circo Máximo -es la Cruz que ha presidido todas las Jornadas Mundiales de la Juventud-, y la besaban con cariño, antes de participar en la Eucaristía que se celebraba allí mismo. Sólo Dios sabe lo que iba sucediendo en el interior de cada uno al recibir la gracia del perdón. Pero era patente la alegría y el entusiasmo en las caras de tantas y tantos.