• No amontonéis las escorias de vuestros fallos. Nadie puede cancelar por sí solo el pasado. Tampoco el mejor de los psicólogos puede liberar al hombre del fardo de su pasado (Hom. 26-VI-88).
  • Purificad vuestros corazones en el Sacramento de la reconciliación. Mienten quienes acusan la invitación de la Iglesia a la Penitencia como si proviniera de una mentalidad «represiva». La Confesión sacramental no constituye una represión, sino una liberación (Hom. 5-IV-79).
  • Queridísimos: tened, pues, la valentía del arrepentimiento y tened también la valentía de alcanzar la gracia de Dios por la Confesión sacramental. ¡Esto os hará libres! (Aloc. I l-IV-79).

 

 

 

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